Heliogábalo: el emperador del sol y de los excesos
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La Puerta del Misterio

Heliogábalo: el emperador del sol y de los excesos

Se ha escrito, leído y visionado mucho acerca de los antiguos emperadores romanos. Pero aún así, la historia de muchos de ellos nos sigue sorprendiendo e impresionando. No he encontrado en toda la historia del Imperio Romano y  de sus caudillos, un personaje y una vida tan insólita, extravagante e inconexa a la vez, como la del emperador Marco Aurelio Antonino Augusto, más conocido por nosotros como Heliogábalo.

Nacido con el nombre de Vario Abito Vasiano el veinte de Marzo del año 203 de nuestra era, vino al mundo en la ciudad de Emesa, en el oeste de Siria. Pertenecía a una venerable y rica familia siria que llevaba generaciones ocupándose del culto al dios solar sirio El-Gabal, llegando a convertirse varios de sus miembros varones en sumos sacerdotes de la divinidad por derechos hereditarios. De hecho, el mismo Heliogábalo fue sacerdote del dios durante su niñez .

Ruinas de la ciudad siria de Emesa, actualmente llamada Homs

Poco o nada se sabe sobre esa niñez vivida por el joven futuro emperador, aunque no debió ser muy dilatada, pues con sólo catorce años el pequeño Vario fue proclamado Emperador de Roma.

La muerte de Caracalla

En el año 217 , el temido y déspota emperador Caracalla fue asesinado por el prefecto de la guardia Marco Opelio Macrino. Sin la aprobación del senado, Macrino es proclamado emperador con el apoyo de sus propias tropas,  a las que previamente había comprado en busca de su apoyo, prometiéndoles dinero y propiedades. Ante este situación, finalmente el senado tuvo que claudicar y accedió a reconocerlo también como Imperator.

El gobierno de Macrino fue el más corto de toda la historia del Imperio Romano.  Parece ser que intentó apaciguar al pueblo de Roma  tras las consecuencias de la política de Caracalla y prometió gobernar con el espíritu de Marco Aurelio. Su mayor problema era la guerra contra los partos que ya había empezado bajo el mandato de Caracalla y que no pudo llevar a buen término.

Finalizada la cruenta batalla de Nisibis, que duró tres días y terminó sin un ganador claro y definitivo, Macrino quiso evitar que la sangre continuara derramándose y esperando dar fin a las masacres, pagó a los partos la suma de 200 millones de sestercios. Después, el emperador abandonó sin más Armenia refugiándose en Antioquía. Los pagos fueron financiados por recortes en el sueldo de los legionarios y esto no hizo, sino cambiar la actitud de las tropas hacia él.

Ese momento fue perfecto para que Julia Mesa, abuela de Heliogábalo, llevara a cabo su estudiada conjura. Julia Mesa también era tía del anterior emperador, Caracalla. Julia, entendía que Macrino había usurpado el trono de Roma, un trono que pertenecía a su familia y que debía continuar con la dinastía de los Severos al frente del Imperio. Para ello urdió un plan junto a la madre de Heliogábalo, Julia Soemis, para  que esta difundiera el rumor de que Heliogábalo era realmente hijo de Caracalla y por ende su legítimo heredero.

Además de eso promovió una revuelta entre la Legio III Gallica (la tercera legión Gala creada por Julio César) que desencadenó en la batalla de Antioquía donde finalmente Heliogábalo con sólo catorce años fue declarado nuevo emperador de Roma.

Un nuevo culto

Desde el principio de su mandato, Heliogábalo se caracterizó por ser un hombre ( en nuestros días apenas un niño) con mucho carácter y determinación. Una de sus primeras decisiones una vez alcanzado el poder, fue la de anteponer a Júpiter, el dios principal de Roma, a su  propio dios solar, El-Gabal conocido en el Imperio Romano como Deus Sol Invictus.  Exigió al gobierno de Roma que también participase en los continuos ritos y cultos en nombre de la deidad. Siendo él mismo autoproclamado Sumo Sacerdote del Dios Sol.

Para tal fin hizo construir un templo llamado Elagabalium en la colina del monte Palatino. El dios solar El-Gabal estaba representado por una piedra de forma cónica que se cree era de material de meteorito.

Áureo romano representando a Heliogábalo. En el reverso se lee Sanct Deo Soli Elagabal (Al sagrado dios del sol Elagabal), y representa una cuadriga dorada que lleva la sagrada piedra del templo de Emesa. | Wikipedia

Se cuenta que, para que el pueblo romano se acostumbrara a la idea de tener a un sacerdote oriental como emperador, Julia Mesa hizo enviar a Roma desde Siria un retrato de Heliogábalo vestido y engalanado de sumo sacerdote del dios solar y dispuso que este se situara por encima de la estatua de la diosa Victoria en el edificio del Senado. De esa forma puso a los senadores en una posición incómoda, pues al mismo tiempo que hacían ofrendas a la diosa, estaban reverenciando al emperador. Heliogábalo quería hacer de su dios, la principal deidad del panteón romano. Incluso ​para favorecer la unión con la religión romana, Heliogábalo consideró como esposas de El-Gabal a AstartéMinerva y a Urania.

Heliogábalo, como sumo sacerdote del Dios, Simon Solomon, alrededor de 1870

Poco después y con el objetivo de afianzarse como el sumo sacerdote de su nueva religión, Heliogábalo llegó a circuncidarse .​ Herodiano relata que “forzó a los senadores a contemplar su danza ante el altar de Deus Sol Invictus al toque de tambores y címbalos, y cada solsticio de verano celebró un gran festival en honor de la deidad, que se hizo muy popular entre las masas porque se distribuía comida en abundancia”.  Durante este festival, Heliogábalo colocaba la piedra de Emesa en un carro adornado con oro y joyas, que desfilaba por la ciudad.

Herodiano, Historia Romana.
“Un carro tirado por seis caballos llevaba a la divinidad, los caballos enormes y de un blanco puro, con caros arreos de oro y ricos ornamentos. Nadie sostenía las riendas, y nadie llevaba el carro; el vehículo era escoltado como si el propio dios fuera el auriga. Heliogábalo corría hacia atrás enfrente del carro, mirando al dios, y sosteniendo las riendas de los caballos. Hacía todo el viaje de esta forma, al revés, mirando al rostro de su dios.”

Una vida controvertida

Sin duda controvertida, discutida, cuestionada y quizá confusa. Algunos incluso han dudado sobre su identidad sexual. Se casó cinco veces,​ dos de estas esposas son desconocidas. La primera fue Julia Cornelia Paula y​ la segunda la virgen vestal Julia Aquilia Severa,​ porque aseguraba que de su unión nacería el verdadero Dios. Pero ese mismo año, la abandonó y se casó con Annia Faustina, descendiente de Marco Aurelio y viuda de un hombre recientemente ejecutado por Heliogábalo. A finales de año, había vuelto con Severa. Pero​ según Dión Casio, su relación más estable parece haber sido la que mantuvo con su auriga, un esclavo de Caria llamado Hierocles, a quien incluso se refería como su marido.​ La Historia Augusta también sostiene que se casó con un hombre llamado Zotico, un atleta de Esmirna, en una ceremonia pública en Roma.

Dión Casio asegura que Heliogábalo se pintaba los ojos, se depilaba y lucía pelucas además de llegar a  prostituirse en tabernas y prostíbulos.

Finalmente hasta destinó una habitación en palacio para acometer sus indecorosos actos.

Al igual que Dion Casio, Herodiano también comenta que Heliogábalo mimaba su bellezaluciendo siempre un excesivo maquillaje.​ Le describe como “encantado de ser llamado la amante, la esposa, la Reina de Hierocles” según Herodiano, y se decía que el emperador había ofrecido enormes cantidades de dinero al médico que pudiera dotarle de genitales femeninos.​ Por estos motivos, Heliogábalo ha sido considerado por escritores modernos como el primer caso documentado de persona transexual.

Disoluto, libertino y corrompido por sus instintos, la descripción del emperador no deja indiferente a nadie.

Incluso su propia tía, Julia Avita Mamea, poco después de su muerte llevó a cabo una verdadera campaña de desprestigio en contra de Heliogábalo, donde hizo circular sobre él  historias denigrantes y falsas. La más famosa de ellas, inmortalizada en una pintura del siglo XIX, Las rosas de Heliogábalo, cuadro que retrata cómo asfixió a invitados de una cena con una masa de «violetas y rosas» que lanzaban desde arriba.

Las rosas de Heliogábalo, por Lawerence Alma Tadema, 1888

El final del sueño de Heliogábalo

Llegado el año 221, solo tres años desde que fuera erigido emperador, las excentricidades de Heliogábalo, especialmente su relación con Hierocles, estaban llegando a exacerbar cada vez más a los soldados de la Guardia pretoriana. Cuando Julia Mesa (la  misma abuela de Heliogábalo que había orquestado el plan para deshacerse del anterior emperador en favor del reconocimiento de su nieto)  se dio cuenta de que el apoyo popular al emperador estaba desapareciendo rápidamente, decidió que tanto él como su madre, que lo tanto lo había apoyado en sus prácticas religiosas, tenían que ser sustituidos.

Por eso pensó en  su otra hija, Julia Avita Mamea (Si, la misma mujer que se dedicó a desprestigiar a Heliogábalo tras su muerte, seguro que ahora todo se entiende mejor) y en su hijo de 13 años, Alejandro Severo como futuro emperador. Convenció a Heliogábalo para que adoptase a su primo como heredero, le diese el título de César y compartiese con él el consulado de ese año.

Pero no lo logró, Heliogábalo desconfiaba de su primo, y conocía bien del favor que tenía dentro de la propia guardia real. Aún así Heliogábalo, tras unas semanas de disturbios que se habían creado en Roma provocadas por recientes decisiones del emperador respecto a la revocación del consulado de su primo, accedió a reunirse junto a su madre, que continuaba apoyándole, con su primo Alejandro y la guardia pretoriana para tratar de calmar los motines que se habían levantado.

Todo fue muy rápido. Sucedió en el campo pretoriano. Nada más llegar, los soldados aclamaron a Alejandro, mientras ignoraban a Heliogábalo, quien ordenó un arresto sumario y la ejecución de cualquiera que hubiese intervenido en aquella revuelta.​ Pero los pretorianos no cumplieron sus órdenes y atacaron a Heliogábalo y a su madre.

De lo que sucedió entonces, nos da buena cuenta Dión Casio;

Dión Casio, Historia Romana LXXX, 20
“Así que intentó huir, y podría haber llegado a algún lugar escondido en un arcón, pero fue descubierto y le dieron muerte, a los 18 años de edad. Su madre, que lo abrazó estrechamente, pereció con él; cortaron sus cabezas y sus cuerpos, después de haberlos desnudado, primero los arrastraron por toda la ciudad, y luego el cuerpo de la madre fue dejado en algún lugar, mientras que el de él fue arrojado al río.”

Después de la deposición de Heliogábalo, todas las personas relacionadas con el emperador fueron asesinadas, entre ellas Hierocles y Comazon.​ Sus edictos religiosos fueron revocados y el dios El-Gabal devuelto a Emesa.​ El templo de Elagabalium fue destruido. Se prohibió que las mujeres volvieran a acudir a las reuniones del Senado,​ y se decretó sobre su persona la damnatio memoriae y su nombre fue borrado de todos los documentos públicos que existían.

Es imposible no comparar el final y la regencia del emperador romano con el del faraón Akenaton.

Dos gobernantes de grandes imperios, la imposición del culto a un dios solar en detrimento del dios principal, la autoproclamación de sumo sacerdote del dios, recordad que Akenaton aseguraba ser el único en estar en contacto con Aton, el declive y la caída de un sueño, la destrucción de sus templos, ambos traicionados por los que se encontraban más cerca, y finalmente borrados de la historia.

No existe la verdad única

El caso de Heliogábalo es el mismo de muchos personajes de la historia que fueron víctimas de su tiempo y de sus enemigos. Prácticamente todos los datos que conocemos acerca de la vida y gobierno de Heliogábalo proceden de tres fuentes principales.

Una de ellas, Historia Augusta, que es considerada poco fiable en cuanto a los detalles, pues probablemente fue escrita hacia el final del siglo IV durante el reinado del emperador Teodosio I y por tanto no es contemporánea a Heliogábalo y debe tanto a la invención de sus autores como a las fuentes históricas.

Dión Casio, que entre otras cosas, fue militar, senador, gobernador e historiador, escribió la conocida Historia Romana en el tercer siglo de nuestra era. En ella relata la vida y gobierno de todos los emperadores y mandatarios desde la fundación de Roma hasta sus días. Pero Casio es considerado por muchos historiadores actuales como un verdadero manipulador. Y es que desde su posición de senador, no veía con buenos ojos la ascensión al poder de hombres a los que consideraban unos simples arribistas que  desempeñando la función de prefecto del Pretorio y  que en muchas ocasiones llegarían a tener el auténtico poder en Roma, en contraposición con el Senado, que queda apartado a un segundo plano, más como algo representativo que como un poder fáctico.

Y es más, tras la caída de Heliogabálo, cuando Alejandro Severo es declarado Emperador de Roma, Casio consiguió ser nombrado procónsul de África en el año 222, legatu Augusti pro praetore de Dalmacia y Panonia Superior. Por haber recibido los favores del nuevo emperador, ciertamente no sería adecuado mostrarse indulgente con el antecesor de Alejandro.

Otra fuente que nos encontramos es la de Herodiano, un funcionario menor que vivió desde alrededor de 170 hasta 240. Su obra, Historia del Imperio romano desde Marco Aurelio, es considerada mucho más fiable dada su falta de pretensiones literarias y eruditas que lo hace menos tendencioso que los historiadores senatoriales. Herodiano está considerado como la fuente más importante respecto a las reformas religiosas que acontecieron durante el reinado de Heliogábalo.

Autor: Carolina García Alvarado | Descifrando la historia